sáb
13
nov
2010
El reencuentro de Larrivey con Huracán echó fuego: Bati hizo un gol, se bancó miles de insultos y provocó la roja de Monzón, quien lo pateó en el piso tras un choque que el punta no pudo
evitar.
Escribió Víctor Jara: “Son cinto minutos. La vida es eterna en cinco minutos”. Se podría corregir la versión del genio chileno para adaptarla a la vida de Huracán: “Es un minuto. La vida
es eterna en un minuto”. Sucedió en ese despiadado 5 de julio, en el título perdido con Vélez, a los 38’ del segundo tiempo: ese niño criado en la casa, un tal Joaquín Larrivey, le cometía una
flagrante falta a Monzón para consumar uno de los goles más escandalosos de la historia del fútbol argentino. Salvando las distancias, en contextos totalmente distintos, un nuevo Larrigate se
vivió anoche en otros 60 segundos de descontrol. El Bati, hostigado desde que comenzó el operativo policial, chocó con Monzón. Déjà vu. Morbosidad del destino. Y explotó el Ducó. Tanto como el
arquero que, con una patada teledirigida, hizo temblar las nalgas del delantero. “Yo no voy a disputar la pelota con plancha. Cuando picó, pensé que llegaba, saqué la pierna, me resbalé y Monzón
me pegó un codazo en las costillas y, cuando me caí me dio una patada en el piso. Me sorprendió”, contó el nueve.
No debe haber sido fácil para Larrivey volver a estar frente a su ex club tras la polémica del Clausura 09. La tribuna, emocionalmente desequilibrada por el amor a la camiseta (uno de los
más genuinos, por cierto), lo insultó desde que se colgó la primera bandera. “Borombombón, el que no salta, es un traidor”, fue el canto de guerra. En la previa, tanto Monzón como el Bati
tuvieron la valentía de revolver aquello que podrían haber dejado en un baúl. Y eso despertó los monstruos del dolor que aún hoy anidan en los corazones quemeros. “Seguramente Monzón está
resentido porque siempre declara que no se pudo sacar aquella jugada de la cabeza, y obviamente que el hincha tampoco. Evidentemente quedó resentimiento y saltó por esa jugada”, explicó Larrivey
luego del partido.
Un rato antes, el Bati había ignorado los silbidos atronadores que retumbaron cada vez que tocó la pelota. Y, en la segunda que tuvo, no perdonó: definición cruzada y a cobrar. No lo
festejó. Unos dirán demagogia, otros racionalidad. Aunque nada lo va a redimir con esta gente. “El gol no lo grité porque acá viví muchas cosas, de las buenas y de las no tan buenas. Siempre
quiero que le vaya muy bien al club y, porque nos dimos cosas mutuamente, no lo grité”, explicó el goleador. Pero el hincha tiene memoria activa. Y no olvida que tras la falta que le robó el
título a Huracán ese hijo pródigo afirmaba que “no hubo falta. La decisión de Brazenas estuvo acertada”. Ahí puede encontrarse la clave del odio: negar lo que fue evidente. Así, el Larrigate tuvo
otro capítulo.
Habla de refuerzos...!!
Miguel Brindisi parece estar derrotado pero no rendido. “Me llamaron a apagar un incendio y vine entregado, vine a laburar. A fin de año veremos quién sigue y quién no”, apuntó el técnico
tras la séptima en el Apertura y la segunda consecutiva tras el recreo que significó el 3-0 contra San Lorenzo. Y cuando habla de quiénes seguirán o no, para nada se incluye a sí mismo, quien
tiene la firme convicción de seguir. Incluso, aportó: “Con Soplán y Battaglia estamos cubiertos, por eso no pedí refuerzos en el medio”. Además, el DT defendió a Montiglio, quien no tuvo el mejor
partido. “Respeten mi decision de sostenerlo, porque no se guarda nada”, tiró, ofuscado.
Fuente: Diario Ole.-