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15
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2011
A Huracán le regalan una esperanza...!!
En el Palacio, con un equipo limitado que provoca descrédito, aprovechó dos groseros errores de Quilmes, ya condenado.
La esperanza, según cuentan, es lo último que se pierde. Sin embargo, descubrir a este Huracán no permite aceptar un guiño del optimismo. Mucho menos, si la mirada se nutre de Quilmes.
Huracán se merece su sitio en la Promoción y Quilmes está muy bien donde está: último y sin unidades. Son el reflejo de una conducción errática, de debilidades
económicas y de limitados planteles. Un entrenador con poco rodaje, en un extremo. Un técnico preparado para las aventuras numéricas, en el otro. Un choque entre Huracán y Quilmes, en el
emblemático Palacio, resulta una debilidad para sus propios fanáticos. Y un daño a la buena fe del espectador imparcial. Algo mejor debe estar Huracán. O, mejor expresado: Quilmes está mucho
peor. No puede, en este tramo del camino, en este momento de la temporada, regalar un partido esencial. Dos errores groseros de Quilmes, sumados a la buena voluntad de Huracán, resolvieron el
triunfo del Globo que logra, casi sin darse cuenta, el primer triunfo en el torneo.
Primero, el Roly Zárate capitaliza un rebote insólito de Trípodi, luego de un envío de Machín que pareció de lo más sencillo. Después, Cámpora recibe de frente un rechazo incapaz de
Martínez, luego de un envío en el palo de Machín.
En ese instante, luego de los obsequios, surge la mejor versión de Maidana, un zurdo que si se comprometiera más con la causa -más que con su juego, con el desafío de levantar un globo de
vuelo bajísimo-, tal vez Huracán gane algunos partidos más. El final también es bien quemero: luego del tanto, Cauteruccio sudó la gota gorda. Se atornilló contra su arco, como un boxeador contra
las cuerdas al borde del KO, cuando apenas un puñado de minutos antes, si se lo proponía, bien pudo terminar goleando. Si su rival estaba magullado y dormido...
Tal vez, Huracán quiere, pero no puede, sencillamente. Estaba acostado; apenas ahora intenta levantarse, aunque aún está bien lejos de ponerse de pie. Con Tito Pompei se nutre de orden y
esmero; tal vez con el tiempo alguna idea fresca va a llegar. Con su conducción, al menos, está invicto, que no es mucho; tampoco poco.
La Promoción, lógicamente, es un espacio que se merece, por presente, por pasado. Al menos, sus delanteros descubrieron el hambre de área de todo artillero: estuvieron en el lugar preciso
en el momento indicado. Algo de suerte, mucho de ingenio. Si el balón no va a llegar casi nunca como una parada necesaria antes de una aventura al arco rival, al menos habrá que quedarse metido
allí, en el área, por si algún adversario se equivoca. Quilmes lo hizo dos veces. Le dio una razón a la esperanza...
... A la esperanza de Huracán, su adversario. Porque lo suyo, ni con Caruso Lombardi ni con Leo Messi en el equipo, parece que tenga salvación.
Fuente:canchallena.com