mié
02
nov
2011
"Es fundamental recrear en el Globo una mística ganadora"
Amigos quemeros:
En mi caso, veo fútbol desde mediados de los 70 (tengo 44, así que agarré la segunda parte de aquellos buenos tiempos). Pero quienes conocen la historia completa del
Globo y más aun quienes han vivido las viejas épocas pueden asegurar que Huracán -luego de su lujosa y exitosa década del 20- fue desde comienzos del profesionalismo hasta principios de los años
50 un equipo aguerrido y difícil para todo el mundo (hasta éramos la sombra negra de River por aquel entonces). Claro, era el equipo del barrio de los guapos, de los atorrantes de arrabal, con
Masantonio como estandarte y con Bonavena como próximo referente futuro. Sin embargo a tanta simbología de guapeza se le opone una época que se caracterizará por lo contrario a esos arquetipos
referenciales de entonces, al menos desde el verde césped. Entramos en los 50 y los 60 mal pisados en el terreno futbolero, sobrevienen dos décadas malas y Huracán empieza a transitar una etapa
de hibridez futbolera que arranca con la venta de los mejores jugadores a fines de los 40 a Racing (salió tricampeón con esa base quemera) y se prolonga con la entrega del partido a River, allá
por el 52 (nuestro club pierde miles de socios luego de aquella tarde nefasta). En esas dos décadas se gestó la peor racha ante San Lorenzo que nos ganó el 90 por ciento de los clásicos jugados
entre el 55 y el 69, malaria que se rompe con el famoso gol de Fito Vilanova en el viejo Gasómetro de Avda. La Plata con recordado triunfo por 2 a 1. Estas décadas marcaron una impronta de buen
juego pero poco temple, poca garra y poca personalidad de Huracán en los campos de juego (hay excepciones, lógico, pero la descripción es general). Era un aviso que se tomó respiro en los 70
gracias a un fútbol de alta escuela que abarcó el lustro que va del 72 al 76, donde se vivieron años felices de un juego lírico al que también -y aunque nos duela- le faltó el fuego sagrado
porque tranquilamente podríamos haber ganado al menos tres campeonatos en esa década próspera. Esa falta de fuego sagrado de nuestros jugadores se ha ido cristalizando con el paso del tiempo y
hoy es un sello de nuestros equipos de fútbol que no falla nunca: HURACÁN PIERDE LOS PARTIDOS CLAVES. Salvo algunas finales por ascenso o promoción y algunos clásicos, sucede casi siempre así. No
es para clavarnos los puñales, es para ver como cambiamos esta impronta que nos tiñe desde hace muchos años. No hago hincapié sólo en la actualidad, es viejo el tema. Me parece que hay que
trabajar mucho sobre la personalidad del pibe amateur y del jugador profesional, en este club pareciera que las derrotas no duelen tanto como en otros equipos o nos hemos acostumbrado con oscura
resignación a ellas. Ojo, que una derrota duela no significa romper todo o pelearse con los contrarios al mejor estilo bilardista o intentar ganar a cualquier precio. Nada que ver, el dolor de la
derrota debe servir para jugar con el mayor coraje y la mayor concentración posible para evitarla y no mirando como los rivales son los protagonistas, sobre todo en canchas del Interior, que
tienen el significado de derrotas seguras de mucho tiempo a esta parte. No son tan graves las derrotas sino la manera en que se dan. ¿O alguien tenía esperanzas luego del 2 a 0 de Atlético
Tucumán al finalizar el primer tiempo?..El resultado estaba puesto porque la postura del jugador de Huracán transmite eso. No olvidemos que Huracán es el equipo más goleado del fútbol argentino
de los últimos 20 años y lidera ese triste ranking con varios cuerpos de ventaja sobre los demás clubes.
Los jugadores hoy están al día, no tienen excusas. El club está mejor, entonces por eso es necesario recorrer la historia a contrapelo, fijarnos de donde viene esto y si no hay en Huracán
una genética o una estructura que nos impulsa a ese lirismo mal entendido. Cuando Huracán no tiene fútbol PIERDE SEGURO, no sabe salir bien parado con otros atributos. Y eso es preocupante porque
la falencia no es de ahora, es de muchos años. Se ha perdido la mística ganadora, la falta de formación de líderes positivos. Fíjense como Rolando Schiavi -siendo un rústico a secas- le cambió la
cara a Boca 180 grados a partir de su personalidad, su voz de mando, su liderazgo. Bueno, el Globo carece de este tipo de jugadores, no los forma, no está imaginada en el Mundo Huracán la
necesidad de proyectar futuros caudillos, líderes grupales que nos hagan salir bien parados en canchas complicadas. A la falta de formación de buenos defensores se le agrega esta falta de
referentes. Huracán necesita recuperar a los Masantonios, a los Bonavenas, a los que ganan con el amor propio. Que se entienda el mensaje. La pregunta es: ¿Que nos pasó?...
Será tiempo de pensarlo e intentar cambiarlo. Cocca deberá trabajar en el presente y en el corto plazo sobre esta carencia. Será responsabilidad del querido Apuzzo el trabajo de largo
aliento en nuestros juveniles. Pero es posible, uno siente que estos planteos ahora son bien recibidos.
Roberto Guidotti
Socio 6339
Tiene toda la razón Huracán no tiene un líder alguien que dirija desde adentro y que de impulso a los compañeros,esperemos que surja alguien de inferiores y si no traerlo de afuera, Huracán no se puede entregar tan fácil ante un resultado adverso.
