"Acá le tiré un caño a Tevez y me quiso pegar"


"Acá le tiré un caño a Tevez y me quiso pegar"


Nicolas Migliavacca Nmigliavacca@ole.com.ar Leandro Sanchez Leasanchez@ole.com.ar
Alejandro Romero Gamarra, la otra joyita de Huracán, abre la puerta de su intimidad y desde el campito de su barrio en Ciudadela, revela una anécdota de potrero con Carlitos. La historia de un crack con futuro.

El club Brisas está en el corazón de Ciudadela Norte, apenas cuatro cuadras lo separan de la General Paz. Es un potrero, sólo que ahora asoma un poco maquillado por los paredones que lo rodean. Ya quedaron atrás los alambrados que hace años permitían que los vecinos se llenaran la cara con tierra mientras miraban a esos vaguitos patear una pelota con más gajos sueltos que enteros. Esas tres canchas que tiene el predio, una de 11 y un par más chicas, deben ser de las únicas que quedan en estos tiempos de hormigón y torres con mil departamentos. Sin embargo, a unas pocas manzanas de allí, en el Fuerte Apache, los pibes también terminan con los timbos marrones por el polvo.

Carlitos Tevez, curtido en aquellos monoblocks de zona oeste, fue el último jugador en representar al potrero (como antes lo había sido un tal Diego Armando Maradona, en su Villa Fiorito natal) y en implementar ese estilo de juego barrial dentro de un marco profesional, aunque hoy la rompa en la Juventus y sea hombre de Selección.

Pero cambió la mano. Aquí, cerca del Fuerte y lejos de Italia, hay otro borreguito, atrevido, que lleva la insigna del potrero y que ya recibió la bendición de su antecesor. “Acá, en este potrero, le tiré un caño a Tevez y me quiso pegar. Se enojó”, relata con una sonrisa Alejandro Romero Gamarra, el pibito de 19 años que hizo el gol que encaminó el ascenso de Huracán. Un maleducado que con la pelota en los pies no respeta nombres ni rivales.

-¿A Tevez le tiraste un caño? ¿Cuándo fue? -Sí, el año pasado, en la cancha de allá al fondo (señala). Me la tiraron larga, amagué a patear, se la pisé con la suela y pasó de largo. Y justo cuando voy a definir, un defensor me pegó una patada. Y ahí Tevez le dijo “bien, bien, así, hay que pegarle”.

-¿Y qué hiciste? -Nada, me reía. Encima todos gritaban. Estaba lleno de gente que vino a ver el partido. Imaginate, era Tevez el que jugaba. Igual ese día, al margen del caño, se fue enojado porque quería hacer un gol y no pudo.

-¿Cómo salieron? -Ibamos ganando 2-0 con una par de goles míos, pero en el final nos lo dieron vuelta.

-¿Aflojaron para darle el gusto a Tevez? -¡Noooooooo! Jugamos a ganar, como siempre, pero se nos escapó. Pasa que Tevez se jugaba la vida, no le gusta perder en nada.

-¿El sabía que vos ya estabas en Inferiores y que la rompías en Huracán? -No sabía ni quién era, je. Después, cuando terminó el partido, mi mochila había quedado atrás de uno de los arcos y cuando la fui a buscar, me vio y me dijo “muy bien, eh. Sos un fenómeno”. Y ahí sí que me fui chocho por más que habíamos perdido. No me animé a sacarme una foto con él porque me daba vergüenza y además quizá estaba cansado o algo así.

-¿Y cómo fue que llegaste a jugar ese partido? -Era la época en que Carlitos armaba partidos con Scioli a beneficio. Y a mí me invitó un amigo. Nosotros jugamos con los chicos de acá del barrio, que andaban muy bien, eh. Pero Tevez tenía un equipazo: Acosta de Boca, lo trajo a Prósperi también, y así todos. Después fuimos a jugar la revancha en Devoto y les ganamos.

-¿Siempre fuiste de jugar partidos así o por plata? -Sí, desde los 9 años...

-¿¡Desde los 9 años!? -Sí. Me traía uno de mis hermano a jugar con hombres más grandes. Tendrían 35, 40 años. Entonces él me ponía 15 minutos, cuando ellos estaban cansados, yo entraba y como era chiquito los pasaba a todos y definía bien abajo para que los arqueros no llegaran. Encima tampoco eran demasiado buenos y los arcos son enormes...

-Pero eras un nene, ¿te pegaban? -Pufff, más que en la B Nacional. La patada más baja era en el pecho...

Kaku, apodado así por un veterano entrenador que lo veía muy parecido a Kaka, aunque la fonética le jugó una mala pasada, tiene 11 hermanos. “Dos más chicos que yo, un nene y una nena. Está el de 17, que también juega en Huracán, y después el de 10. Ese la rompe, pero todavía no juega en cancha de 11 porque le sacan diferencia por el físico. Juega al Baby, lo llevan a varios lados, le pagan y todo”, dice Romerito, quien no vive más en Ciudadela, pero que igual le está dando una mano a sus viejos para ampliar la casa en donde se crió.

-¿Te fue jodido crecer? -Y la verdad que sí. El esfuerzo que hice fue el doble en todo, por eso ahora disfruto mucho más. Me siento muy feliz. Ganamos la Copa Argentina, ascendimos... Es demasiado.

-¿Es cierto que en algún momento estuviste a punto de abandonar el fútbol? -Sí, ya estaba en Huracán. Tenía 13 años y pensaron que me había roto los cruzados. Pensé en dejar. Pero después fui a otro médico que me masajeó la zona y me dijo que no tenía nada y seguí jugando.

-Y si no jugabas, ¿qué ibas a hacer? -Nada, supongo, je. Me acuerdo que en un momento intenté ir a trabajar con mi papá, que es zapatero, pero ese mismo día le dije “en mi vida voy a laburar en serio, yo quiero jugar a la pelota”.

-¿Tuviste problemas de alimentación? -Ahora estoy mejor, pero cuando arranqué estaba muy flaquito. Entonces me sacaban diferencia dentro de la cancha. Por suerte, el club me puso una nutricionista y pude aumentar siete kilos. Los golpes ya no duelen tanto, es como que estoy más protegido.

Romero Gamarra pasó por las infantiles de River, pero se fue porque “sentía que no era mi lugar”. Llegó a Parque de los Patricios con edad de Novena y cayó directo a la pensión que tenía el Globo. “Cuando arranqué a jugar no tenía mucha ayuda de mi familia. Yo no laburaba y ellos estaban lejos. Era difícil”, cuenta mientras recuerda cómo fueron aquellos tres años. Pero luego empezaron las buenas: apareció Néstor Apuzzo, también Gabriel Rinaldi y las cosas comenzaron a cambiar. “Apenas llegó Néstor del Cefar me dijo ‘vos haceme salir campeón en Mar del Plata, en el Latinoamericano, y te hago firmar contrato. Además, yo tengo el celular de Dios. Hablé con él y me dijo que vos y Espinoza van a hacer un gol en la final...’. Y fue así: salimos campeones”. Luego, llegaría el debut en Primera con Mohamed, en el 0-1 en la 1ª fecha de la BN contra Crucero del Norte.

-Apuzzo algún celular debe tener porque en 45 días ganó la Copa Argentina y ascendió...

-Sí, sin dudas que lo debe tener, je. Igual nosotros siempre lo jodemos y le decimos que no se haga el vivo porque Dios un día se va a cansar de que lo llame tanto y le va a poner el contestador automático.

-Y cuando pase eso van a tener que defenderlo ustedes en la cancha.

-Ja, y sí. Igual ya le dije que me pase el número.

-¿Qué significa Apuzzo en tu carrera? Néstor es como un padre para mí. Siempre me tuvo confianza y me enseñó mucho. Me hace sentir relajado porque me tiene fe. Ojo, con Kudelka también me llevaba muy bien y yo me enojaba porque quería jugar y él me decía ´tranquilo, ya vas a entrar’. Pero bueno, después se tuvo que ir... El Turco otro fenómeno que me ayudó mucho, lo mismo que Rinaldi, un crack para mí.

-¿Qué te dijo Apuzzo antes de entrar contra Atlético Tucumán, en el desempate? -Lo primero que me dijo fue ‘si tenés miedo no te pongo’, pero le respondí que me pusiera ya. Y cuando estaba por entrar también me dijo ‘hacé divertir a la pelota, que con vos sonríe’.

-Como vos, que te reís cuando jugás...

-Pienso en divertirme y en jugar a la pelota, que es lo que más me gusta. Domínguez también me dice que me divierta, que me quede un cachito con el 5 cuando defendemos, pero que haga lo que sé hacer.

-¿Y ya te diste cuenta de que hiciste un gol histórico, el del ascenso? -Con el tiempo voy a ir cayendo. En ese momento sólo me salió reirme y abrazarme con todos, y con Néstor que siempre me dice que lo festeje con él porque es cábala. El ascenso es del equipo, todos aportaron. Yo lo definí y cumplí mi sueño.

Fuente: Diario Ole.-

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